Sumida en una telaraña de pensamientos, cruzó la calle que le llevaría directo a casa. Ni siquiera se concedió la oportunidad de mirar atrás, aunque en dos o tres ocasiones, estuvo tentada a girar su cabeza pero supo siempre en su razón que, se arrepentiría más tarde por mostrar tanta debilidad y tanta inmadurez.
La neblina comenzó a posarse sobre la ciudad mientras una ligera brisa rozaba los tejados y ventanas de las viejas casas que conformaban la calle de su barrio. Aún no lograba ordenar sus pensamientos, mucho menos sus sentimientos y sus emociones. Decidió que antes de llegar a casa se detendría en Ciber-Plus, el café internet de la esquina para navegar un rato, revisar sus mensajes y con suerte podría conversar con Fabio, el chico que atendía el lugar y que se había hecho su amigo a fuerza de tanto frecuentar el lugar. Esperaba de esa manera despejar sus pensamientos.
La bufanda y el gabán que le cobijaban del frío esa tarde, conservaban todavía la frescura de su colonia y no dejaba de sentir su corazón desbocado en el marco de su pecho, cuando saboreaba en sus labios los besos recibidos minutos atrás. Él le había mirado siempre a los ojos, con toda la intensidad y toda la ternura que siempre deseó encontrar en cualquier otro hombre; y sus brazos, ¡por Dios!… sus brazos… habían tomado su cintura con firmeza pero sin acoso, sin la fuerza brutal de quien quiere dominar la situación, sino más bien con el vigor que da madurez del tiempo para sentirse segura allí, arropada en sus brazos.
Una vez dentro del café-internet, observó el lugar; ciertamente estaba atiborrado de jóvenes estudiantes que diariamente a esa hora concurrían al lugar. Divisó una terminal libre en un rincón del lugar y le pareció conveniente situarse allí para la privacidad que buscaba. Abrió su servicio de mensajería y esperó. De nuevo, pensamientos y emociones se instalaron en su mente y su piel.
Era inútil negar que, no solo hubiera deseado el momento, sino que ella misma lo había propiciado y lo había disfrutado. Ni tan siquiera así, entendía porque le costaba tanto aceptar lo que sentía. ¿Víctima de su propio invento? Recordaba que todo había comenzado como un juego inocente, con frasecitas dichas al azar con una doble intención, con un doble sentido, como queriendo expresar un sentimiento y no queriendo; con mensajes sugerentes en la web insinuando interés para llamar su atención, pero utilizando expresiones poco comprometedoras para mantener a raya la situación.

Qué necia había sido al pensar que eso no pasaría de ahí; que poco se conocía. En la trampa de su propio juego, no le bastó con los besos y abrazos plasmados en el correo, sino que tenía que aventurarse a coquetear con la posibilidad de saborear los besos reales. Así se lo hizo saber. “Mmmmmm… me encantan tus besos”, le había escrito en alguna ocasión, como queriendo y no queriendo.
Pues bien, esa tarde había sido el cumplimiento de la cita para, dizque ponerse a prueba y dejar en claro que todo sería igual a dibujar una boquita en la pantalla de la computadora. ¡Vaya! Allí estaba ella, con una maraña de sensaciones, emociones y pasiones encontradas. De repente, la ventana del chat se iluminó, miles de estrellitas de colores llenaron la pantalla y un sonido se dejó escuchar en la amplia sala del Ciber-Plus, mientras aparecía el mensaje.
- Mmmmmuuuuuuaaakkkk… hola, cómo estás… me encantaron tus besos J
Era mejor salir de allí.