Masaje

 Ese par de minutos me pareció una eternidad. Acerté a cerrar mis ojos para sentir cómo sus dedos se deslizaron suavemente sobre mis sienes, y pude percatarme del estremecimiento en la base de mi cuello. Sus pulgares detrás de mis orejas, actuaron como dispositivos que hicieron girar mi cuello para ofrecer una mejor posición a sus manos que ya buscaban la base de mi cabeza. Los extremos de sus dedos, se agitaron acompasadamente en círculos infinitos y en recorridos ascendentes y descendentes desde el punto donde nace el cabello en mi frente, hasta rozar la primera vértebra en mi cuello. Yo solo acertaba a mover mi cabeza de un lado a otro, para ofrecer un mejor ángulo al movimiento de sus manos. ¡Como lo disfruté!

sueño

Estaba seguro. El placer era inmenso y así se lo hice saber:

– Solo por el placer del masaje en el lavado,  iría cada día al salón de belleza a cortarme el cabello.

stylistb

UN RECUERDO

Jude

Había podido apretar su mano y atraer su cuerpo hacia el mío, tomándola por la cintura; sin duda, ese habría sido el beso más sensual y más tierno que jamás  hubiera recibido en lo que va corrido de mi existencia. Pero no, en lugar de eso, solté su mano y me ví alejándome de allí;  solo su falda mecida al viento, observándola de reojo, me permitía darme cuenta que su cuerpo permanecía estático en el andén, tal vez llena de asombro, rabia o miedo.

Me sentía halagado porque había puesto sus dulces ojos en mí, porque su corazón palpitaba tan fuerte que podía escucharlo, cuando se acercaba a mi lado con cualquier pretexto; era tan palpable el descontrol de sus emociones, que todo su cuerpo se estremecía, con tan solo tocar su mano. Me sentía halagado porque se hubiera fijado en mi y que yo lograra despertar a mis años, tal cantidad de profundas emociones.

- Así está mejor – me dije mientras me alejaba de allí. Era mejor ocupar el rincón que ella me había reservado en su memoria y que recuerde que tuve el amor suficiente para ella, que no quise tocar su corazón, para no lastimarlo. (creo…!)

Te quiero.

GRIS

guitarra triste

Él la amaba siempre en cada anochecer pero ridículamente al alba, sus ojos se matizaban de gris; con el nuevo día, tenía que empezar a conquistar otra vez su amor.

BESOS

besoSumida en una telaraña de pensamientos, cruzó la calle que le llevaría directo a casa. Ni siquiera se concedió la oportunidad de mirar atrás, aunque en dos o tres ocasiones, estuvo tentada a girar su cabeza pero supo siempre en su razón que, se arrepentiría más tarde por mostrar tanta debilidad y tanta inmadurez.

La neblina comenzó a posarse sobre la ciudad mientras una ligera brisa rozaba los tejados y ventanas de las viejas casas que conformaban la calle de su barrio. Aún no lograba ordenar sus pensamientos, mucho menos sus sentimientos y sus emociones. Decidió que antes de llegar a casa se detendría en Ciber-Plus, el café internet de la esquina para navegar un rato, revisar sus mensajes y con suerte podría conversar con Fabio, el chico que atendía el lugar y que se había hecho su amigo a fuerza de tanto frecuentar el lugar. Esperaba de esa manera despejar sus pensamientos.

La bufanda y el gabán que le cobijaban del frío esa tarde, conservaban todavía la frescura de su colonia y no dejaba de sentir su corazón desbocado en el marco de su pecho, cuando saboreaba en sus labios los besos recibidos minutos atrás. Él le había mirado siempre a los ojos, con toda la intensidad y toda la ternura que siempre deseó encontrar en cualquier otro hombre; y sus brazos, ¡por Dios!… sus brazos… habían tomado su cintura con firmeza pero sin acoso, sin la fuerza brutal de quien quiere dominar la situación, sino más bien con el vigor que da madurez del tiempo para sentirse segura allí, arropada en sus brazos.

Una vez dentro del café-internet, observó el lugar; ciertamente estaba atiborrado de jóvenes estudiantes que diariamente a esa hora concurrían al lugar. Divisó una terminal libre en un rincón del lugar y le pareció conveniente situarse allí para la privacidad que buscaba. Abrió su servicio de mensajería y esperó. De nuevo, pensamientos y emociones se instalaron en su mente y su piel.

Era inútil negar que, no solo hubiera deseado el momento, sino que ella misma lo había propiciado y lo había disfrutado. Ni tan siquiera así, entendía porque le costaba tanto aceptar lo que sentía. ¿Víctima de su propio invento? Recordaba que todo había comenzado como un juego inocente, con frasecitas dichas al azar con una doble intención, con un doble sentido, como queriendo expresar un sentimiento y no queriendo; con mensajes sugerentes en la web insinuando interés para llamar su atención, pero utilizando expresiones poco comprometedoras para mantener a raya la situación.

kiss

Qué necia había sido al pensar que eso no pasaría de ahí; que poco se conocía. En la trampa de su propio juego, no le bastó con los besos y abrazos plasmados en el correo, sino que tenía que aventurarse a coquetear con la posibilidad de saborear los besos reales. Así se lo hizo saber.  “Mmmmmm… me encantan tus besos”, le había escrito en alguna ocasión, como queriendo y no queriendo.

Pues bien, esa tarde había sido el cumplimiento de la cita para, dizque ponerse a prueba y dejar en claro que todo sería igual a dibujar una boquita en la pantalla de la computadora.  ¡Vaya! Allí estaba ella, con una maraña de sensaciones, emociones y pasiones encontradas. De repente, la ventana del chat se iluminó, miles de estrellitas de colores llenaron la pantalla y un sonido se dejó escuchar en la amplia sala del Ciber-Plus, mientras aparecía el mensaje.

-  Mmmmmuuuuuuaaakkkk…  hola, cómo estás… me encantaron tus besos J

Era mejor salir de allí.

KARLA

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Esta tarde, te veo abrirte paso entre la multitud de la calle. Tus pisadas avanzan con gracia mientras esquivas las miradas acosadoras y los piropos atrevidos de los transeúntes masculinos. De repente, veo tus ojos… ¡Esos ojos!  Intento sonreírte; intento mostrarme afable, simpático, cariñoso; intento que también me mires, mientras el tiempo parece tener otra medida. Cada segundo es perpetuo, cada instante transcurre con tanta lentitud que, tengo tiempo para extasiarme con tus formas; la suave línea de tus caderas, la suavidad de tu cintura, la delicadeza de tus brazos, cayendo con gracilidad desde tus hombros y ni qué decir de la sinuosidad de tu pecho expresando la lozanía de tu juventud.

Ah, cómo disfruto esos  segundos… cómo disfruto contactar la sensualidad de tus ojos en el misterio de tu mirada. Dios mío… tengo esa profundidad de tus ojos frente a mí, en el instante mismo en que mis emociones se impregnan con las feromonas que emana tu cuerpo,  y aminoro el paso en un vano intento por hacer que también te detengas para saludarte. Estás pasando… sigues caminando… intento que me mires… es inútil, no me reconoces.

Cae la noche, y sentado frente a la pantalla de la computadora veo aparecer tu imagen en la zona virtual en la que te he encontrado. Entonces, repaso la información de tu perfil, tus comunicados actualizados y las imágenes que registran los últimos acontecimientos de tu vida. En este mundo conozco todo de ti y conoces todo de mí. De repente, el sonido característico del chat llama mi atención y una ventana se ilumina en mi pantalla:

- Hola, mi vida. No sabes como te he extrañado. Hace tiempo que no te veo.

Solo acierto a sonreír, dejo volar mi imaginación y continúo con esta historia empezada a tejer hace varias semanas:

- Hola, mi amor… te quiero… también te he extrañado